La STS 300/2015, de 19 de mayo, es la resolución de referencia sobre el valor probatorio de la mensajería instantánea en el proceso penal español. Una década después, su doctrina sigue decidiendo pleitos a diario, y su comprensión técnica separa las aportaciones de prueba digital que sobreviven a la impugnación de las que se desploman en la vista.
El contexto y el problema
La Sala Segunda se enfrentaba a conversaciones aportadas mediante capturas, en un contexto en que la manipulación de un diálogo en pantalla está al alcance de cualquier usuario. El Tribunal advirtió que la prueba derivada de redes sociales y mensajería debe abordarse «con todas las cautelas», por el riesgo real de creación ex profeso o alteración de los archivos digitales.
La regla operativa que fija la sentencia
El núcleo doctrinal es una regla de carga probatoria: la impugnación de la autenticidad desplaza sobre quien aporta la conversación la carga de acreditar su origen y su integridad, señaladamente mediante prueba pericial que identifique el verdadero origen de la comunicación, la identidad de los interlocutores y la ausencia de manipulación. El pantallazo no es inadmisible: es insuficiente por sí solo cuando se cuestiona seriamente.
Proyección práctica
De la doctrina se derivan consecuencias operativas que aplicamos de forma sistemática: conservación del dispositivo original como fuente de prueba; extracción forense con garantía de integridad (hash) y cadena de custodia documentada; cotejo por el Letrado de la Administración de Justicia cuando proceda; y, en sentido inverso, un programa de impugnación riguroso cuando la prueba de mensajería se aporta de contrario sin esas garantías. El acta notarial, frecuente en la práctica, acredita la existencia de lo exhibido pero no excluye la manipulación previa — refuerza, no sustituye, la pericial.
Líneas posteriores
La jurisprudencia ulterior ha modulado el alcance de la cautela: la impugnación debe ser mínimamente seria y argumentada, no meramente formularia, y la convicción puede integrarse con el resto del cuadro probatorio (testificales, datos de tráfico obtenidos con autorización judicial, periciales). Pero el estándar de fondo permanece: en prueba digital, quien mejor documenta la integridad, gana.
Sobre cómo trasladamos este estándar a la práctica pericial, vea nuestra guía de los pantallazos de WhatsApp como prueba y el área de prueba digital en el proceso penal.
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Francisco Javier Martín Porras
Abogado penalista, socio de Société de Conseil Juridique et Expert y creador de la metodología LIWARD®. Dirige la defensa en procedimientos penales de alta complejidad, combinando estrategia procesal con análisis pericial y forense. Conozca al equipo →


